domingo, 28 de septiembre de 2014

2014 09 20 Comarca del Saja - Nansa.


 Sobrelapeña y Carmona.


Ávidos de conocer nuevos paisajes acudimos prestos a la llamada de Slow y Alejandra, esta vez tocaba Cantabria comarca del Saja - Nansa para conocer la Iglesia de Sobrelapeña y el bonito pueblo de Carmona, así que salimos de Gijón hasta el chiringuito, donde estaban dando un curso de conducción de moto, saludamos a Bea, Rosi,Cape y algunos amigos mas,  repostamos y tomamos camino de Benia de Onis a Panes.





No hay nada que decir de los paisajes, solo mirar y disfrutar,

 nos adentramos en Cantabria  


 y paramos a comer en el área de
 Torre de Cabanzón (Herrerías)
¿Quién era la que llamaba? Una Anjana bendecía que bajó al lugar pa ver si en este pueblu había caridá. Y como no la encontró sarna nos dejó que arrascar. Rasca que te rasca, rasca que te rascarás.
Manuel Llano.   
  

 Tras comer, reír, charlar y salta que saltarás, seguimos viaje hasta la Iglesia de Santa María de Sobrelapeña
"Yo creo, señor mío, que la suprema virtud está, en no pasar por elefante siendo una comadreja o un borriquillo. Cervantes -porque yo he leído el Quijote, cosa que no pueden decir algunos intelectuales- dijo que no había más que dos castas: el tener y el no tener. Y ésta es la concisión más elocuente que en materia social se ha hecho en castellano. Los que no tienen aparentan tener mucho y los que tienen aparentan que tienen poco."
Manuel Llano
 Unas vistas desde Sobrelapeña.

 Seguimos camino de Puentenansa y paramos a refrescar donde siempre nos tratan bien: El Cruce.

 Continuamos  en dirección a Carmona para conocer el pueblo  
 por una bonita y revirada carretera,
 estrecha pero de buen asfalto y apta para el consumo.
Llegamos y aparcamos bajo el monumento Homenaje a la vaca Tudanca y 



mientras recorríamos el pueblo, de sus puertas y ventanas, 
de sus calles,
 
de cada piedra, 
o planta,
me parecía escuchar a Manuel Llano

 Si cada casa - pesadumbre y vejera de piedra - es como una estancia de museo, señor.

Empieza uno por el picaporte, negro de ventisca y de resoles, de vendavales y de días buenos. El picaporte, templado hace ya muchos vientos y muchas sementeras en la lumbre de la tejavana torcida del herrero, artista sarroso y analfabeto.

El picaporte, imitando una cruz con pico de paloma; un dragón con ara de siervo bueno, un pez, la cabeza de un toro,
 el semblante de una santa de  ermita, 
el borceguí de un niño andariego y pobre, la sandalia de un peregrino.



Se abre la puerta con lentitud y chillido de goznes
 y ve uno las abarcas, en ringlera, ante los escalones, como unas viejas a la puerta con la boca abierta.

Ingenio humilde y antiguo en esos pequeños tajos de madera que resuenan en las calles -cercas que parecen garabatos de cantos,

fachadas que siempre parece que se van a caer-. que resuenan en las calles como ruido natural del ambiente, lo mismo que el aire, los pájaros, los insectos.........

Un pueblo sin abarcas, sin su ruido peculiar, sin su repiqueteo en la piedra, en las raíces gordas, y descarnadas que parecen las costillas de los senderos, en una puente larga y estrecha, es lo mismo que el monte sin sus rumores fundamentales, el ave, el arroyo, el balido, el aire cantando en las quimas.
 Las abarcas, tan duras y tan ligeras, con su color bermejo, con su color de miel añeja, de helecho seco, de hueso polvoriento, de esclavina de capellán, de bronce limpio. 






Geometría sencilla y primitiva en la madera de raíz y de tronco de las abarcas.

Lineas finas, onduladas, rectas, enérgicas, temblorosas, que han puesto allí la paciencia y la punta de la navaja, dale que dale, mientras se canta o se suspira, mientras se piensa en un enojo o en un contentamiento, en un hijo, en una mujer, en una feria, en una novena, 

en las cosas diversas y antagónicas en que piensan los hombres todos los días con sus polos de infierno y de paraíso, de nube y de tierra, de lucero y de gusano.......
Casona de los Díez Cossío o Palacio de los Mier.

 Escudo de armas de los de Díaz, Cossío, Calderón y Mier.
Y el rastrillo, arrimado a la pared, con el adorno de las sus flechas pintadas, con sus espigas, con sus ramas entrelazadas, con sus hojas pintadas y redondas.
El bígaro de asta, colgado de un pino. El bígaro de asta que tiene huellas estéticas, también de punta de navaja o de punzón candente.


Bígaros torcidos con siluetas de animales monteses, con estrellas de cinco puntas, con miniaturas de pájaras pintas, de espadañas, de cascabeles.

Y el palo pastoral con la gracia de los sus nudos, con las rayas, con los puntitos inocentes que ha discurrido en su ocio, la vejez, la juventud, 



















la infancia que se desenvuelve oyendo los campanos, 
los azores, las avefrías, los mugidos, las tórtolas, los arroyos que bajan conversando jovialmente con las peñas y los árboles, siempre tan contentos y tan alegres con el romance de sus aguas vivas.


Tras leer las vivencias de los habitantes del pueblo, cada piedra, sus calles, el calor, beber su agua y respirar su aire, nos dirigimos a nuestras monturas, 


mirando a las ventanas por si alguna Anjana nos gastaba alguna broma.
Ya en la carretera 




Deshicimos del ovillo el negro hilo por donde transitamos.

Por donde fuimos volvimos, pero con las abarcas mas llenas.

Espero os guste, saludos.

3 comentarios:

  1. Preciosa crónica como siempre... Fotos de lujo y más viendo la mala luz que tuvimos ese día... Lo del texto eso ya se sale de varemo alguno.
    No dejeis de compartir por favor ;)
    Abrazotes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El texto de Sobrelapeña tiene veneno disfrazado de cámara fotográfica.

      Eliminar
  2. Es la cámara que en manos de esta moza hace esas cosas y San google que remarca el texto.

    ResponderEliminar